Nia era una empleada testaruda, pero su reciente nombramiento en la tienda la había transformado en una jefa dura e intolerable. Sobrevivió hasta que se le ocurrió reprochar y despedir al ex guardia. Ha pasado una semana desde que Nia recibió un ascenso y todavía no lo puede creer.

Ahora es directora general de uno de los centros del gigante de la moda. Años antes de su ascenso, Nia ya tenía muchas ideas sobre cómo mejorar la tienda si tenía la oportunidad y las guardaba en un archivo. Esa mañana, el expediente reposaba con orgullo sobre su escritorio mientras hablaba con el personal justo antes de la hora de cierre. Los empleados respondieron con un gesto de asentimiento, una mirada de complicidad y un amable agradecimiento.

Sin embargo, el personal se sintió ofendido por una determinación tan inflexible. No sería fácil para los empleados trabajar en un entorno insalubre donde la más mínima falta, voluntaria o involuntaria, les privaría del dinero que en la mayoría de los casos cubre sus facturas.
Siguieron con admiración el recorrido de un empleado que comenzó en el campo como pasante y llegó a lo más alto. Uno de los antiguos empleados de la empresa, Víctor, de 68 años, que siempre llegaba tarde por motivos personales, intentó oponerse al nuevo director. La mujer lo despidió inmediatamente.

Este pudo haber sido el último día de trabajo de Víctor como guardia. Al día siguiente, le sucedió algo increíblemente importante. Furioso con Nia, el señor Gordon, el propietario de la cadena de tiendas multimillonaria, nombró a Víctor gerente regional, a quien ella reportaba.

Se abre una nueva página en la vida de Victor, Nia y la tienda. Viktor comenzó a administrar la tienda, mientras que Nia se convirtió en su mano derecha. La colaboración de estas dos personas aseguró un futuro próspero para la tienda a lo largo de su historia.







