Un día, el conductor se dio cuenta de que en el autobús había una mujer mayor que no tenía billete. Llevaba un abrigo viejo y tenía dificultades para sujetarse a la barandilla. El autobús estaba casi vacío y fuera de la ventana llovía ligeramente. El conductor le pidió varias veces que abandonara el vehículo porque no había pagado la tarifa. La mujer permaneció en silencio y apretó con más fuerza su bolso. La atmósfera en el autobús se volvió cada vez más tensa.

Algunos pasajeros miraron hacia otro lado para escapar de toda la situación. La mujer caminó lentamente hacia la salida. Cuando la puerta se abrió, el aire frío y lluvioso le golpeó la cara. Se detuvo, miró al conductor y dijo:
—Yo solía enseñar y criar a los niños con amor. Han crecido y se han convertido en grandes personas como tú. Y ahora no me permiten sentarme.

Después de estas palabras ella se fue y el autobús abandonó la ciudad. El conductor permaneció en silencio y pensó en lo sucedido. Algunos pasajeros abandonaron el autobús y dejaron sus billetes en los asientos. A la mañana siguiente, el conductor reanudó su viaje, pero esta vez no sólo prestó atención a sus pasajeros, sino que también reflexionó sobre sus acciones. Se dio cuenta de que la gente necesitaba ayuda, especialmente los ancianos. Una semana después, cuando su turno estaba por terminar, volvió a ver a la mujer en una de las paradas. Él detuvo el autobús y se dirigió hacia ella.

“Lo siento”, dijo. -Entonces me equivoqué. Ella lo miró y sonrió suavemente.
—La vida nos enseña todo. Lo más importante es estar atento y escuchar, respondió. La ayudó a subir al autobús, le ofreció té y viajaron en silencio, pero la atmósfera ya no era tan tensa como antes. A partir de ese momento, el conductor siempre llevaba consigo algunos billetes extra para ayudar a aquellos que no podían pagar su viaje. Se dedicó cada vez más a cada pasajero, especialmente a los mayores, y siempre trató de mostrar compasión. Recordó las palabras de la mujer y comprendió lo importante que era mostrar respeto y apoyo. Pequeños gestos realmente pueden cambiar el mundo para mejor.







