En nuestra sociedad de consumo, nos enseñan que el dinero puede comprar muchas cosas. Si ves dinero tirado por ahí, tu primera reacción podría ser agarrarlo y salir corriendo.

Si encuentras una moneda de diez centavos en la acera, no te sientas culpable por recogerla y guardarla en tu billetera. Después de todo, no hay forma de rastrear a su dueño. Como dice el dicho, quien la encuentra se la queda. Hay otro lugar donde se pueden ver monedas, pero ese es un lugar donde no se ensucia las manos.

Tomar una moneda de diez centavos es la mayor falta de respeto que puedes hacer en la vida. En algún momento, la mayoría de nosotros visitamos un cementerio para despedirnos de un ser querido.

Honrar a los muertos es una tradición ancestral. En cuanto a pompa y solemnidad, los antiguos egipcios eran los más magníficos. Construían enormes pirámides para enterrar a sus muertos como miembros de la familia real.

La tradición de arrojar monedas no cuenta con el apoyo oficial de ninguna rama del ejército. Las monedas depositadas en los cementerios nacionales se recolectan y se donan a organizaciones benéficas. Los fondos recaudados se utilizan para el mantenimiento del cementerio e incluso para el cuidado de veteranos necesitados.







