Ayer, durante el almuerzo, vi algo extraño en el césped de mi jardín. Al principio pensé que era una cuerda, luego una serpiente. Pero luego decidí acercarme y observar más de cerca a la extraña criatura. Pero cuando finalmente me acerqué y miré más de cerca, me invadió el miedo…

Vi algo extraño en mi jardín. Al principio parecía una cuerda tirada en el césped: larga y retorcida, como si alguien la hubiera dejado caer a propósito. Pero al instante pensé: “¡¿Y si es una serpiente?!”.
Mi corazón empezó a latir con fuerza. Rápidamente agarré mi teléfono, tomé una foto y, lleno de adrenalina, decidí acercarme. Cada paso era difícil; daba demasiado miedo darme cuenta de que podía ser peligroso.

Pero cuando finalmente me acerqué y miré más de cerca, me invadió el miedo puro…
Resultó que no era ni una cuerda ni una serpiente.
Una columna de, como conté más tarde, ¡unas 150 orugas se arrastraba lentamente frente a mí! Se movían en fila, muy juntas, como si siguieran a un líder invisible. No tenía ni idea de que algo así fuera posible, y mucho menos en mi jardín. ¿Adónde volaban? ¿Por qué había tantas? Estas preguntas me siguen rondando. Hay teorías que dicen que las orugas que se mueven juntas pueden disuadir a los depredadores. O que les facilita encontrar comida, por ejemplo.

O así ahorran energía. Las orugas de delante pisan fuerte por el camino y las de atrás se resisten menos.
¿Tienes idea de dónde vinieron y adónde fueron?







