Golsirin Derbeneva y Ais Malikov son personas cuyas vidas están llenas de amor, cuidado y trabajo incansable. Hoy tienen 61 y 58 años, pero sus corazones siguen llenos de energía y ganas de crear un hogar cálido.

Habiendo criado 40 hijos, son un símbolo de altruismo y amor incondicional. La historia de esta familia comenzó con dos corazones que ya conocían la amargura de la pérdida. Antes de conocerse, cada cónyuge tenía tres hijos de matrimonios anteriores.

Pero la vida dio un giro diferente y sus hijos se mudaron y formaron sus propias familias. La casa de Ais y Golsirin quedó silenciosa y vacía, casi sin vida. Pero en 2011 todo cambió. Primero, decidieron adoptar dos niñas de un orfanato. Luego, poco a poco, fueron llegando los niños y cada vez su casa volvía a cobrar vida.

“El niño más pequeño nació en la primavera de 2022 junto con sus tres hermanos biológicos. “A nosotros nos pasa a menudo eso: cuando adoptamos, no adoptamos sólo un niño, sino varios”, dice Ais.

Los niños de esta familia practican deportes, las niñas asisten a clases de baile y canto. Participan activamente en competiciones y olimpiadas, y cada éxito es un orgullo para los padres. Certificados, diplomas y medallas decoran las paredes de la casa y nos recuerdan que el trabajo duro y el apoyo dan frutos.

“La casa estaba vacía cuando los niños se mudaron”, admite Golsirin. “Ahora está lleno de vida. Aquí es especialmente alegre durante las vacaciones: los hijos mayores y los nietos se reúnen. “A nuestra edad, no nos sentimos viejos”, ríen Ais y Golsirin. “Estos niños son nuestra motivación y nuestra inspiración. Vivimos para ellos.”







